El 18 de agosto de 2026, Cesce Perú reunió a sus aliados comerciales en el desayuno ejecutivo «Conexión al Éxito». Durante dos horas y media, la sala no escuchó hablar de inteligencia artificial: la vio funcionar. Iarvix diseñó, construyó y operó una plataforma en vivo donde cada invitado participaba desde su celular y una IA llamada Cescito consolidaba las preguntas del auditorio, las ordenaba por tema y las respondía en voz alta por los altavoces del hotel, proyectada en tres pantallas. No fue una demostración grabada ni un guion con frases preescritas: la IA redactó cada respuesta en el momento, contra el estado real de la sala. Participaron José Andonaire, CTO de Iarvix, y Javier Cabrera, CEO de Iarvix.

1.Por qué Cesce llevó inteligencia artificial a un desayuno ejecutivo
Cesce es una aseguradora de crédito con presencia transnacional, y su desayuno anual de aliados comerciales tenía un problema clásico de todo evento corporativo: 120 personas en una sala, una sola ponencia y quince minutos de preguntas al final que siempre terminan capturados por las tres o cuatro voces más rápidas en levantar la mano. El resto se va con su duda intacta.
La organización no pidió una charla sobre inteligencia artificial para empresas. Pidió lo contrario: que la IA hiciera algo útil delante de todos, en tiempo real y sin red de seguridad. Iarvix aceptó la restricción más dura del encargo —una sola pasada, sin segunda oportunidad, en una fecha inamovible— y construyó la plataforma completa del evento.
"La forma más honesta de explicar la inteligencia artificial a una sala llena de empresarios no es contarla: es encenderla delante de ellos y dejar que la juzguen."
— José Andonaire, CTO de Iarvix

2.Cescito: una IA que respondió al auditorio en voz alta
La pieza que la sala recuerda es la voz. Cescito —el nombre que recibió la inteligencia artificial del evento— hablaba por el sistema de sonido del hotel mientras su respuesta se escribía letra a letra en las dos torres verticales que flanqueaban el escenario. El operador abría el micrófono, le hacía una pregunta delante de todos, y la IA contestaba.
Lo importante es lo que había detrás de esa voz. Cescito no recitaba frases preparadas: redactaba cada intervención en el momento, consultando el estado real del salón —cuántos invitados estaban conectados, qué habían preguntado, qué habían votado— y recordando los turnos anteriores de la conversación. Cuando dijo «recibí 19 preguntas del auditorio, las agrupé en cuatro temas, el más votado es riesgo país», esos números eran los de ese segundo, no los de un ensayo.
Esa decisión llegó tarde en el proyecto y por pedido explícito del cliente: no quería frases escritas ni respuestas cerradas, quería una inteligencia artificial que respondiera en vivo. Cambiarlo a seis días del evento obligó a rehacer la consola de operación entera.
3.Cómo funcionó: del celular del invitado a tres pantallas del salón
Cada invitado entraba desde su propio teléfono escaneando un código QR, sin instalar nada. Desde ahí podía mandar su pregunta al ponente, votar las preguntas de los demás y responder las encuestas del evento. Todo lo que ocurría en esos 120 celulares se reflejaba en segundos sobre tres proyecciones: una pantalla central de gran formato y dos torres verticales en espejo a los costados del escenario.
Un operador conducía el evento desde una consola propia, avanzando por las ocho fases del guion y decidiendo qué se proyectaba en cada momento. La arquitectura tenía frenos explícitos: interruptores capaces de callar la voz o apagar cualquiera de las pantallas en segundos, sin desplegar código, por si algo salía mal delante de la sala.
La automatización de procesos que normalmente vive en el back office de una empresa —recoger datos, clasificarlos, priorizarlos y devolver una conclusión— aquí ocurría en público, a la vista de todos y con la latencia de una conversación.

4.La IA como moderadora: 19 preguntas ordenadas por tema y votadas por la sala
El trabajo menos visible fue el más difícil. A medida que llegaban las preguntas, un modelo de lenguaje las leía, les ponía título, las resumía y las agrupaba por tema. No era una clasificación por palabras clave: era comprensión real del texto, y por eso podía juntar dos preguntas escritas de forma distinta que en el fondo eran la misma.
De las 19 preguntas que entraron, la IA formó cinco temas. El auditorio las votó —66 votos de 37 personas distintas— y el ranking se proyectó en vivo: riesgo país arriba, operativa después. El ponente ya no elegía a quién dar la palabra: respondía lo que la sala había decidido que importaba, con la evidencia proyectada detrás suyo.
Ese mismo modelo hacía de filtro. Toda pregunta pasaba por una moderación automática antes de proyectarse en una pantalla de doce metros cuadrados, probada de antemano contra intentos de manipulación del propio sistema. En el evento: quince preguntas limpias, cuatro marcadas como dudosas para revisión humana, ninguna hostil.
"Cuando la inteligencia artificial ordena y prioriza las preguntas del auditorio, el que decide qué se responde deja de ser el más rápido en levantar la mano y pasa a ser la sala entera."
— Javier Cabrera, CEO de Iarvix

5.El pulso económico: 461 respuestas en tiempo real
Además de las preguntas, Cesce quería medir a su propio ecosistema. La plataforma lanzó un pulso económico de diez preguntas sobre expectativas de negocio, tamaño de empresa y percepción del panorama del país. Cincuenta y una personas lo respondieron durante el desayuno y dejaron 461 respuestas, que se consolidaron y proyectaron mientras el salón seguía desayunando.
Para la aseguradora, eso convirtió un evento de relaciones públicas en un instrumento de investigación: al terminar la mañana tenía el retrato estadístico de sus aliados comerciales, cruzado por rol, tamaño de empresa y expectativa económica declarada. Es un ejemplo directo de inteligencia artificial en las empresas que no pasa por un chatbot: pasa por convertir en dato lo que antes era conversación de pasillo.
La encuesta de cierre midió el propio evento y su ponencia. El resultado quedó registrado en la misma base: 62 valoraciones y una media de 8,92 sobre 10.

6.Los números del día
La convocatoria partió de 212 invitados. Se registraron 123 —118 de ellos antes del día del evento— desde 93 empresas distintas. En la sala se acreditaron 73 personas de 57 empresas, y 58 de ellas usaron activamente la plataforma: preguntaron, votaron o respondieron el pulso.
Ese último número es el que importa. Ocho de cada diez personas presentes en el salón sacaron su teléfono y participaron, en un público cuya edad mediana está entre los 40 y los 54 años y donde más de la mitad son dueños o socios de su empresa. La barrera de adopción de una herramienta de inteligencia artificial bien diseñada no es generacional: es de diseño.
Todas las cifras salen de consultas a la base de datos de producción, no de estimaciones. El evento dejó además un espacio posterior de treinta días donde los asistentes pudieron consultar la ponencia completa y los resultados agregados del pulso.

7.Qué demuestra este caso sobre la IA aplicada a empresas
La mayoría de los proyectos de inteligencia artificial empresarial se juzgan en un piloto, con margen para repetir. Este no tenía esa red: una sola mañana, un solo intento, 120 personas mirando y una marca transnacional expuesta. Esa restricción obligó a construir de una forma distinta —con frenos manuales para cada componente, con ensayo de montaje completo el día previo y con arneses automáticos que verificaban de punta a punta que la consola movía de verdad las tres proyecciones—.
El aprendizaje que Iarvix se lleva es el de siempre, aplicado a un contexto extremo: la inteligencia artificial no sustituye a nadie en la sala. El ponente siguió respondiendo, el operador siguió decidiendo y la IA hizo lo que ninguna persona podía hacer a esa velocidad —leer 19 preguntas, entenderlas, agruparlas y devolver una síntesis en voz alta mientras la sala desayunaba—.
Para cualquier organización que se pregunte cómo aplicar inteligencia artificial en la empresa más allá de un asistente conversacional, «Conexión al Éxito» es una respuesta concreta: la IA como capa que escucha a mucha gente a la vez, ordena lo que dicen y devuelve una decisión utilizable en el mismo momento en que se necesita.
"Un piloto se puede repetir. Un evento en vivo, no. Construir para el segundo caso es lo que enseña a construir bien para el primero."
— José Andonaire, CTO de Iarvix
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